sábado, 25 de octubre de 2008

LA AMISTAD

La amistad es una relación personal desinteresada, que nace y se fortalece con el trato y está basada en un sentimiento recíproco de cariño y simpatía.

La relación de amistad, afecto y confianza con otra persona nos sirve de resguardo, porque en ella podemos tener amparo, ayuda y afectuosa protección. Por eso un verdadero amigo es el que te lleva a Jesucristo, por que aprende a dar la vida por tí, a estar atento -sin llegar a apegamientos- de tus necesidades.

La amistad verdadera, no tiene desarrollado el sentido de la posesión y no es absorbente en su trato con los demás, no hay en ella exigencias, ni pretensión caprichosa o desmedida, ni obligaciones, al contrario es libertad y apoyo mutuo. Por eso un amigo no manipula, un amigo te hace crecer, te ayuda a exigirte y a darte cuenta de los dones y talentos que uno posee, por que el amigo te tiene que llevar al cielo.

Un día leí un mensaje en una pared que decía "La amistad da salud", y no puede ser menos, en efecto, un buen amigo le previene de un daño o de un mal ante la más pequeña amenaza, porque él, no quiere que nos ocurra algo malo. Nos hace crecer y madurar, ayudando a forjar nuestra personalidad y nuestras relaciones sociales con quienes nos rodean.

Los sentimientos de afecto, cariño y solidaridad que una persona siente hacia otra y que se manifiesta generalmente en desear su compañía, alegrarse con lo que considera bueno para ella y sufrir con lo que considera malo, es la amistad amorosa de los hombres, y es lo que todos necesitamos dar y recibir, ya que una existencia sin amistad y sin amor, es una vida con un gran vacío.

En efecto la amistad es una relación íntima de personas que dan y reciben, y responde a las necesidades de los hombres, nos otorga confianza en los seres humanos, nos hace vivir en paz, nos da seguridad, nos hace estar acompañado y sentirnos comprendidos y queridos. Con todo esto, la amistad es una forma de enriquecimiento personal, en la que aprendemos a dar y recibir cariño, a ser más generosos, pero además podemos aprender de las experiencias del otro, de sus conocimientos y vivencias.

Durante toda nuestra vida, desde la infancia misma, vamos estableciendo las bases de la amistad. En un comienzo, nos relacionamos con nuestra familia, con nuestros hermanos, nuestros primos, luego con nuestros vecinos y acto seguido en las escuelas iniciamos lazos afectivos fuera del ambiente familiar.

Es así, como desde siempre vamos descubriendo a otras personas, diferentes a nosotros, con características que pueden ser distintas o similares a las nuestras. Entonces aprendemos a compartir, a confiar, a respetar y a querer a otras personas. Es de esta forma como en numerosas relaciones interpersonales volcamos nuestro afecto, el que puede ser más o menos intenso, dependiendo de la afinidad que sentimos por esas personas, de la intensidad y frecuencia de la relación y de la reciprocidad afectiva que advertimos en ellos. De forma más o menos inconsciente, damos cariño esperando que éste obtenga cierta resonancia en la persona querida, de tal modo que esta persona también nos dé cariño a nosotros, lo que supone un reconocimiento, una reciprocidad y el establecimiento de un vínculo afectivo como es la amistad.

Tienen mucha razón los que dicen que la amistad ni se conquista ni se impone, porque ésta nace del corazón, como los que piensan que la amistad no se agradece, se corresponde. El que sabe corresponder la amistad, sabe lo que es el amor de amigos.

Pero a los amigos hay que serles muy fiel, empezando por no mentirles nunca, porque el amigo de verdad jamás te miente. A este amigo, se les respeta, se le honra cuando esta con nosotros, y si no esta debemos ser capaces de valorar su ausencia, sintiendo el vacío que nos provoca, del mismo modo cuando él nos necesite, le daremos todo nuestro apoyo.


Es un bueno amigo, aquel que trae la luz para alumbrarnos en nuestra oscuridad, para que veamos con claridad cual es el rumbo que llevamos, y si vamos por uno equivocado, nos ayuda para corregirlo, aún más el camina junto a nosotros una parte de él, casi siempre, la más difícil.


Todos tenemos algún defecto, entonces no busquemos amigos que no los tengan, ni busquemos los defectos que ellos tienen. Cuando nuestros amigos cambian, no cambiemos nosotros, perseveremos en la amistad y busquemos comprender que le sucede. Y no olvidemos, que los amigos se distinguen en la adversidad. Tampoco olvidemos que la amistad se engrandece y se fortalece justamente cuando estamos dispuestos a perdonar los defectos.

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